Las caravanas migrantes son un fenómeno migratorio que, en la región de América del Norte, comenzó a darse en octubre de 2018, cuando al menos 1500 hondureños salieron de Tegucigalpa, capital de aquel país, en la búsqueda de mejores oportunidades, ya sea en México o con la ilusión de llegar a los Estados Unidos. A esta caravana la han sucedido otras 5, en las cuales la mayoría de los desplazados son hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, países que han sido asolados por Guerras civiles recientemente, o con una ausencia de Estado de Derecho que ha logrado descomponer a tal nivel el tejido social, que obliga a sus habitantes a buscar, en masa, nuevas y mejores opciones de vida. Pero no estamos aquí para hablar del por qué o del cómo se dan las caravanas migrantes. En realidad lo que ocupa a este escritor es las acciones que han sido tomadas por el gobierno mexicano, ya que desde la primera caravana, hasta la sucedida hace unos pocos días, se han utilizado fuerzas militares (si, militares, porque aunque Andrés Manuel diga que no, la Guardia Nacional es de mando y de régimen militar) para detener el flujo de centroamericanos que buscan ingresar ilegalmente al país, lo cual ha sido duramente criticado a nivel nacional e internacional.
Para comprender un poco más las críticas y él porque hasta ahora se da esta crisis, cuando en realidad los flujos migratorios desde el Sur hacia Estados Unidos han existido durante más de 70 años, hay que hablar sobre la política exterior mexicana. Durante la época del PRIato y los 12 años de la alternancia Panista, la política exterior mexicana se guiaba por Principios y Doctrinas fundamentales, dentro de las cuales está la tan celebre “Libre determinación de los pueblos” y la libertad total de los individuos dentro del territorio mexicano, así como una larga historia de México como país seguro para refugiados de todas partes del mundo, que han nutrido al país de distintas maneras. México dio asilo a los Republicanos vencidos después de la Guerra Civil Española, dio asilo a los simpatizantes y miembros del gobierno de Salvador Allende en Chile, después del Golpe de Estado de Pinochet el 11-S y del mismo modo, ha sido durante años país de tránsito para migrantes centroamericanos que, ya en territorio nacional se unen a migrantes mexicanos en su peregrinaje hacia tierras estadounidenses.
En la actualidad, quizá en el mundo de cabeza, Estados Unidos, el país de los migrantes y las oportunidades, está gobernado por un tipo Xenófobo y racista como Donald Trump, mientras que en México existe un gobierno que a las luces parece ser sumamente principista, pues se ha opuesto a tomar postura en cuestiones internacionales y en disputas entre Estados, respetando su libre determinación, mientras que por otro lado, mandan elementos militares a la frontera sur para detener un flujo migratorio.
Esto se ha dado bajo circunstancias muy específicas, este año hay elecciones intermedias en los Estados Unidos y Trump tiene que mantener su electorado contento y alerta de los migrantes del sur, mientas presiona a México para construir un muro en la frontera entre ambos países, que al parecer se comenzó a construir pero desde la frontera sur de México, las presiones que genera al gobierno mexicano la firma del nuevo tratado de libre comercio entre los tres países de América del Norte, TEMEC, pareciera ser que obligaron a México a tomar medidas que incluso van contra su propia Constitución, ya que es debido mencionar, que ni dentro de la Carta Magna, ni en las Leyes de Migración Mexicanas se criminaliza al indocumentado, es decir, que el ser una persona ilegal en México no te convierte en un criminal, esto es una ley de avanzada a nivel mundial, que por muchos años México pudo presumir a nivel internacional, hoy en día, parece ser que las presiones externas han podido más que el principismo y las doctrinas mexicanas. Pero se podría decir, el Estado mexicano tiene derecho a defender su soberanía, si claro que la tiene, solo que hay un pequeño detalle, hay leyes que se tienen que cambiar y doctrinas que hay que renovar, la 4T quiere cambiar las formas y nada sobre la ley, pues deberían de empezar ellos por poner su ejemplo.
Pero, hay otro tema que me gustaría tocar, que al parecer como mexicanos nos olvidamos, desde la primera caravana por allá de octubre de 2018 se ha evidenciado un clasismo disfrazado de xenofobia en el mexicano, es decir, pareciera que le tememos al extranjero, al que viene a quitarnos oportunidades o a delinquir dentro de nuestro país, pero en realidad, no le tememos a los extranjeros, no es el hecho de ser de otro país, ni ser de otro tono de piel o hablar en otra lengua, en realidad es una cuestión meramente económica, los rechazamos y los hacemos aun lado e incluso les volteamos la cara porque ellos son desplazados, no tienen nada, vienen buscando oportunidades, como nosotros en Estados Unidos, y eso nos incomoda, incomoda vernos reflejados en otros y para algunos se convierten en personas de segunda categoría, por ser desposeídos, por no tener nada. Que cortos de memoria parecemos algunos de nosotros, teniendo familiares que se fueron de “mojados” a los “unites” y exigiendo al gobierno mexicano que detenga a los centroamericanos por ser una amenaza a nuestra forma de vida.
Hay maneras de solucionar esto de otras formas, la Cooperación Internacional para el Desarrollo que lleva acabo la AMECID y sus planes de reactivar la economía del Triángulo del Norte ente Guatemala, Honduras y El Salvador, sobre todo con Sembrando Vida son un intento institucional de frenar los flujos migratorios, pero, mientras Estados Unidos no apoye en estos planes de cooperación y siga buscando que México se convierta en “Tercer país seguro” que es básicamente decir que México se encargue de los migrantes, poco se podrá logar, ya que aunado a la corrupción existente en los países centroamericanos que incluso no han tomado ninguna postura acerca de las caravanas, lo que resalta su falta de interés por solucionar el problema, genera que a México sea a quien le explote la bomba en la mano. Existen opciones, la confrontación directa entre AMLO y Trump, si Andrés Manuel diera la orden de abrir las fronteras y dar libre paso a los indocumentados hacia Estados Unidos y así llevar la crisis a las puertas de Trump, pero esto generaría la cancelación de los tratados y una crisis sin precedentes, por otro lado, ignorar a Trump y vigilar más que atender mientras se espera que la AMECID haga su trabajo, lo cual será un largo camino y lleno de baches que habrá que sortear o la última opción que vislumbro, cambiar las leyes migratorias, convertirse en policía de Trump para no afectar los tratados de comercio que tenemos con la unión americana y darle la espalda a nuestros hermanos centroamericanos. En mi particular punto de vista, es una oportunidad para que el gobierno mexicano aumente su influencia en los gobiernos centroamericanos y genere un bloque comercial y político para confrontar a Washington, voltear al Sur para liderar, ser cabeza de ratón o cola de león, la decisión está en un gobierno con una aprobación sin precedentes, pero duramente criticado por sus formas, esperemos ver lo que nos depara la Mañanera y si las ocurrencias por fin se convierten en acciones determinantes y volver a posicionar a México como líder de América Latina.